El 6 de mayo de 1937, el dirigible alemán Hindenburg se incendió mientras intentaba aterrizar en Lakehurst, Nueva Jersey, tras un largo viaje transatlántico. Murieron 36 de las 97 personas que viajaban a bordo. Aunque las causas de su destrucción nunca estuvieron del todo claras se cree que se trató de un accidente debido a un extraño cúmulo de circustancias, incluyendo el mal tiempo reinante ese día, algunas decisiones desafortunadas de la tripulación y una descarga de electricidad procedente de las nubes cerca de una pequeña fuga de hidrógeno. (También se dijo como alternativa conspiranoica que pudo haber sido un sabotaje nazi.) Hubo una gran cobertura del accidente en fotografías y películas, dado que era uno de los primeros vuelos trasantlánticos de dirigibles de aquel año, también se rodó una espectacular «película de accidentes» que contaba su último viaje y el accidente: The Hindenburg (1975), donde además del uso de maquetas en miniaturas del zeppelin se usó parte de la filmación, en blanco y negro, del desastre real.
El Hinderbung fue en su día el mayor dirigible rígido construido por el hombre: estaba fabricado de duraluminio, medía 245 metros de largo y en su interior 16 bolsas independientes de hidrógeno eran capaces de elevar la aeronave gracias a 200.000 metros cúbicos de gas en su interior. Su velocidad punta era de 135 kilómetros por hora, gracias a cuatro poderosos motores diesel. Por desgracia, el hidrógeno que se usaba era altamente inflamable. La alternativa era el helio, pero los alemanes no podían usarlo en aquel momento debido a un embargo por parte de Estados Unidos.
El desastre del Hindenburg marcó el final de la flota alemana de dirigibles comerciales. En Archive.org hay un pequeño vídeo del viaje del Hindenburg [5 min.] bastante interesante; también en Discovery Channel emitieron hace algunos meses un buen documental sobre la investigación del accidente y las diversas teorías que rodearon el desgraciado final de aquella bestia de los cielos.
(Vía Encyclopedia Britannica.)
En Microsiervos
El observatorio espacial de rayos-X Chandra, junto con otra serie de telescopios ópticos terrestres, ha localizado la supernova más grande de la que se tiene constancia.
Bautizada como SN 2006gy, podría corresponderse con la explosión de una estrella de las más grandes que pueden existir, con un tamaño 150 veces superior al de nuestro Sol.
Este descubrimiento indica que las violentas explosiones de estrellas masivas eran relativamente comunes en los inicios del universo, y que explosiones similares pueden estar listas para estallar en nuestra propia galaxia.
"Esta fue una explosión verdaderamente monstruosa, cien veces más energética que una supernova típica", dijo Nathan Smith de la Universidad de California en Berkeley, quien lidera un equipo de astrónomos de California y de la Universidad de Texas en Austin. "Esto significa que la estrella que ha explotado podría haber sido tan masiva como puede llegar a ser una estrella, unas 150 veces más que nuestro Sol. Nunca antes habíamos visto algo así".
Los astrónomos creen que muchas de las estrellas de primera generación era tan masivas como esta, y que este nuevo tipo de supernova puede por tanto proporcionar un extraño destello de cómo murieron las estrellas. Es algo sin precedente, sin embargo, encontrar una estrella tan masiva y ser testigos de su muerte. El descubrimiento de la supernova, conocida como SN 2006gy, proporciona la prueba de que la muerte de estrellas tan masivas es fundamentalmente distinta de las predicciones teóricas.
"De todas las estrellas en explosión que hemos observado nunca, esta es el rey", dijo Alex Filippenko, jefe de las observaciones terrestres en el Observatorio Lick en el Monte Hamilton, California, y en el Observatorio Keck en Mauna Kea, Hawaii. "Estábamos atónitos observando el brillo que alcanzaba y el tiempo que duró".
La observación de Chandra permitió al equipo descartar la explicación alternativa más probable para la supernova: que una enana blanca con una masa ligeramente mayor que el Sol hubiese explotado en un entorno denso rico en hidrógeno. En tal evento, SN 2006gy debería haber sido 1000 veces más brillante en rayos-X de lo que detectó Chandra.
"Esto proporciona una prueba contundente de que SN 2006gy era, de hecho, la muerte de una estrella extremadamente masiva", dijo Dave Pooley de la Universidad de California en Berkeley, quien lideró las observaciones de Chandra.

Con los conocimientos actuales acerca del clima no se puede aún predecir qué va a pasar en el futuro, lo que sí se puede afirmar, según el geólogo Carlo Alberto Ricci, es que los polos "no se van a fundir en 50 años; al menos tardarían mil años en hacerlo si la temperatura sigue aumentando".
"Es evidente que la Tierra se está calentando pero aún no sabemos la magnitud de dicho calentamiento", aseguró en declaraciones a Efe el geólogo y presidente del European Polar Board, quien cree que la Tierra podría estar pasando "simplemente" por un ciclo de calor que puede acabar en cualquier momento.
Hasta 1970 la temperatura en el planeta descendía y, a partir de ese momento, ha ido en aumento, pero "no se sabe si es una tendencia o es sólo un fenómeno momentáneo", según Ricci, que viajó a Madrid esta semana para pronunciar una conferencia en CosmoCaixa sobre el cambio climático y su influencia en los polos.
"En la Edad Media hubo una época de calor similar a la actual seguida de la denominada pequeña Edad de Hielo entre 1600 y 1700, lo que indica que hay variaciones en el clima del planeta que ocurren en miles, cientos o sólo decenas de años", dijo Ricci.
Todos estos datos y muchos más han sido obtenidos gracias al análisis y estudio del hielo de los polos que son "archivos de la historia de la Tierra", en palabras del geólogo italiano, quien lleva décadas investigando acerca de las regiones polares.
"En los polos podemos rastrear el clima del último millón de años", aseguró el investigador, ya que en el hielo se encuentran encerradas partículas que indican la composición de la atmósfera y el comportamiento del clima.
A través del programa europeo EPICA, en el que Ricci participa, se ha extraído hielo de un millón de años de antigüedad y gracias a él se ha sabido que en este periodo de tiempo se han dado cambios climáticos en ciclos de 100.000 años.
En los últimos 8.000 años de la Tierra, en los que se ha desarrollado la civilización humana, ha habido cambios de varios grados de temperatura en periodos de menos de un siglo, explicó el presidente del European Polar Board.
"La variación de 2 ó 3 grados que se está dando en la actualidad podría explicarse en base a los ciclos climáticos pero los grandes cambios en la atmósfera no son corrientes y nunca se habían dado antes", dijo.
Ricci, que es presidente de la Comisión Italiana para la Antártida, confía que en el marco del Año Polar Internacional, que dio comienzo en 2007 y concluirá en 2009, se pueda avanzar en el estudio y conocimiento de las regiones polares y, por tanto, del comportamiento de la Tierra.
El profesor de la Universidad de Siena (Italia) prevé que en unos 10 ó 15 años se habrá profundizado algo más en el estudio de los polos y se sabrá mucho más sobre el clima terrestre.
"A través de los polos podremos saber qué causó los cambios climáticos en el pasado y cómo va a cambiar el clima en el futuro pero aún es pronto", añadió.